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Columnas

 

Arcano Político

Por Mario Luis ALTUZAR SUAREZ

 

Ignorantes

Endurecen los peredistas su retórica… contra la población que se niega a reconocer su mesianismo. El señor Alejandro Encinas, abandonado por sus correligionarios, califica de ignorantes a los capitalinos que se niegan a cegarse por la política del engaño. En tanto, Gerardo Fernández Noroña se adjudica excesiva generosidad a los electores.

Así, los perdedores de las elecciones presidenciales de julio pasado, se sienten desnudos y su agresividad lingüística muestra su temor, no a los adversarios políticos, sino el miedo a que los militantes confirmen que el PRD fue tomado por asalto por personas que nada tienen que ver con la izquierda y por lo mismo, poco les importó sacrificarla.

Entre los personajes actuales del perredismo, podría ubicarse al saliente Jefe de Gobierno capitalino, Alejandro Encinas, como parte de la izquierda reformista aglutinada en el Partido Socialista Unificado de México, después de análisis profundos sobre la inviabilidad de un movimiento armado para acceder al poder.

Sin embargo, los izquierdistas reformistas, señalados como revolucionarios de café o en campos universitarios, se sumaron a Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo cuando salieron del PRI y después de las negociaciones en los oscurito con Manuel Camacho Solís y Manuel Aguilera, aceptó su derrota en 1988 para formar lo que hoy es el PRD.

Con estos antecedentes históricos, es difícil aceptar la versión del señor Encinas en su último informe de gobierno en el Teatro Metropolitan , en el sentido de que "nosotros entramos por la puerta principal y salimos por la puerta principal", ya que el partido es producto de una negociación en lo oscurito con el rancio salinismo.

A nivel personal, tampoco puede aceptarse, ya que el ex pesumista llegó a la Jefatura de Gobierno del D. F., por la renuncia de su patrón, el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, quien disputó y perdió las elecciones presidenciales, mostrando su profunda incapacidad jurídica para demostrar que hubo fraude.

Si se refiere a la puerta de la Asamblea de Representantes, controlada por la mayoría perredista que se logró por los usos y costumbres priístas de coptar el voto según se confirmó en Cuajimalpa, tampoco es válido, ya que el señor Encinas estuvo solo: Sin Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, López Obrador ni Marcelo Ebrard.

Estuvo a sus anchas, como el afanador en clínica médica sin pacientes. Y firmó que la iniciativa privada invirtió en el último sexenio 102 mil millones de pesos, mientras que la administración local destinó 68 mil millones de pesos, como argumento de su verdad en el desierto, de que los perredistas si quieren a los ricos. Tardía expiación.

Envalentonado en es soledad, acusó de “ignorantes” a sus críticos que sostienen la idea del aumento del índice criminal en el Distrito Federal, lo mismo por las ejecuciones tipo narco, como la presencia de células guerrilleras en Iztapalapa, Tláhuac y Milpa Alta, señaladas del linchamiento de dos policías federales en San Juan Ixtayopan en noviembre de 2004.

Un proceso confirmado por este analista que fue amenazado de muerte por personal del SNTE, y que después de haber levantado la denuncia, los peritos dictaminaron que no procedía por ausencia de afección en mi vida privada. Y ante la amenaza de los esbirros del catedrático Batis, la solución fue cambiar de cambiar de casa. Se victimizó al criminal.

Con estos datos, es cierto que disminuyó el índice de denuncias, en donde los victimarios o delincuentes tienen acceso a información estratégica del denunciante, bajo el pretexto de defender sus derechos humanos, que empieza el hostigamiento de la víctima con la complacencia de la autoridad judicial que, según Batis, en su tiempo libre son criminales.

Una tendencia que explica el comportamiento de Gerardo Fernández Noroña, al decir que el PRD permitió que asumiera la Presidencia el panista Felipe Calderón, por la prudencia de esos partidistas para evitar enfrentar a la población con el ejército. Tanta generosidad es cuestionable por el rostro descompuesto de Carlos Navarrete cuando vio al señor Calderón que apareció detrás de las banderas y cumplió el protocolo constitucional.

Una retórica que, en el caso de Encinas, muestra la descomposición del PRD y en el de Fernández Noroña, en querer adjudicarse éxitos inexistentes para buscar un diálogo que siempre rechazaron por su autoritarismo de sentir un poder que jamás lograron, usando un partido al que arribaron y se apoderaron para destruir a la izquierda nacional.

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Correo: :altuzar@arcanorevista.com

 

 

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